Álbum
Thriller
Epic Records puso a la venta el 29 de noviembre de 1982 el sexto trabajo de estudio de Michael Jackson, cantante y compositor estadounidense. Lo produjo Quincy Jones, con quien ya había colaborado en Off the Wall (1979), y se grabó entre abril y noviembre de aquel año en los Westlake Recording Studios de Los Ángeles, California. El presupuesto ascendió a 750 000 dólares, cifra equivalente a 2 502 155 dólares de 2025.
Un artista que necesitaba cambiar de sonido
El rechazo generalizado que arrastraba la música disco obligó a buscar otra dirección. Jackson reformuló su registro y el álbum acabó cruzando el pop con el post-disco y el R&B, mientras que en los textos convivían el romance, la paranoia y la conciencia social. Hay además una novedad en los créditos: Paul McCartney figura como el primer artista invitado acreditado como tal en un disco de Jackson.
El precedente venía siendo bueno. Off the Wall había cosechado en 1979 una acogida crítica mayoritariamente favorable y también un buen resultado de mercado, con unas ventas que terminaron superando los veinte millones de ejemplares en todo el mundo. Los años transcurridos entre aquel disco y este fueron de transformación personal. El cantante ganó independencia —al cumplir veintiún años, en agosto de 1979, despidió como mánager a su padre, Joseph Jackson, y puso en su lugar a John Branca— y al mismo tiempo se declaró infeliz. La fuente recoge unas palabras suyas, sin precisar dónde ni cuándo las pronunció, en las que describe una soledad que le alcanza incluso dentro de su propia casa: llanto a solas en su habitación, la dificultad de hacer amigos y paseos nocturnos por el vecindario con la esperanza de encontrar a alguien con quien conversar, que siempre terminan en el mismo regreso a casa.
A ese malestar se sumaron dos agravios profesionales. Jackson entendió que los Premios Grammy de 1980 habían menospreciado Off the Wall, que en 1981 era el álbum más vendido por un artista negro, y se propuso responder con algo todavía mejor. También se sintió despreciado por la industria del entretenimiento de su país cuando, en 1980, propuso a la revista Rolling Stone un reportaje sobre su figura y desde la publicación se le dijo que no. Su reacción, según la fuente, fue recordar que se le repetía una y otra vez que la gente negra en portada no vendía ejemplares, y anunciar que algún día serían las revistas las que acudirían a pedirle una entrevista. Conviene advertir que la frase con la que el texto original describe su propósito de superar Off the Wall está rota y contiene un fragmento colgante que impide leerla entera.
Treinta canciones para llegar a nueve
Jackson volvió a reunirse con Quincy Jones y ambos trabajaron sobre alrededor de treinta piezas, de las cuales solo nueve entraron en la ordenación definitiva. En las sesiones participaron como músicos de acompañamiento varios integrantes de Toto. Cuatro de las canciones llevan la firma del propio Jackson: «Billie Jean», «Beat It», «Wanna Be Startin' Somethin'» y «The Girl Is Mine», esta última con Paul McCartney. Ninguna de ellas la escribió sobre papel; las iba dictando a un magnetófono de casete y, llegado el momento de registrarlas, era capaz de cantarlas de memoria.
El proceso no fue apacible. La relación entre productor y artista se tensó, y Jackson dedicó buena parte del tiempo a ensayar coreografías por su cuenta. Cuando las nueve canciones estuvieron acabadas, ninguno de los dos quedó conforme con lo que oía, así que rehicieron todas las mezclas a razón de una semana por tema. La idea rectora era exigente: Jackson quería un disco en el que cada corte resultara extraordinario, y bajo esa premisa lo desarrolló.
Lo que Jones y Temperton contaron después
En la reedición de 2001 el productor y el compositor Rod Temperton se explayaron sobre aquellas sesiones. Jones aclaró hasta qué punto «Billie Jean» era un asunto íntimo para Jackson, que en la época en que la concibió luchaba por protegerse de los seguidores obsesionados. También hubo desacuerdo técnico: Jones quería recortar la larga introducción de la canción y Jackson se negó, con el argumento de que era justamente eso lo que le daban ganas de bailar.
El caso de «Beat It» ilustra el giro musical. Con la música disco en retroceso, ambos se empeñaron en construir una pieza de rock capaz de gustar a cualquier oyente, y tardaron semanas en dar con el guitarrista adecuado para el tema, escrito por Jackson. El elegido fue Eddie Van Halen, de la banda Van Halen.
La canción que da nombre al disco tuvo un recorrido parecido. Temperton barajó llamarla «Starlight» o «Midnight Man» antes de quedarse con el título definitivo, y lo hizo por cálculo: le atribuían un gran potencial comercial. Faltaba alguien que recitara el pasaje final, y Jones acabó recurriendo al actor Vincent Price, conocido de su esposa, que resolvió su intervención en solo tres tomas. El propio Temperton había escrito esa parte final dentro de un taxi, camino del estudio.
Un disco con algo para cada oyente
Stephen Thomas Erlewine, crítico de Allmusic, describió el resultado como una obra pensada para todos los públicos, construida sobre los cimientos de Off the Wall pero ensanchándolos: funk más contundente en «Billie Jean» y en la canción titular, hard rock en «Beat It», baladas más apacibles en «Human Nature» y «The Girl Is Mine» y un soul de trazo fluido en «Baby Be Mine».
El propio reparto de estilos dentro del álbum lo confirma. En la vertiente melódica figuran «Human Nature», «The Girl Is Mine» y «The Lady In My Life»; el funk lo sostienen «Wanna Be Startin' Somethin'» y «Billie Jean»; y la herencia disco asoma en «P.Y.T. (Pretty Young Thing)» y en «Baby Be Mine», rasgos que emparentan el conjunto con lo que Jackson venía haciendo en Off the Wall. «Wanna Be Startin' Somethin'» apoya su tramo central en el bajo y la percusión y desemboca en un canto en suajili. «The Girl Is Mine», por su parte, plantea la disputa de dos amigos por una misma mujer, cada uno defendiendo que la quiere más que el otro, y se cierra con un rap hablado.
La paranoia como material
Bajo esa superficie pop asoma ya, con más nitidez que en Off the Wall, el repertorio de obsesiones contradictorias que marcaría la obra posterior del cantante. Aquí arranca su interés por lo subliminal, por la paranoia y por los asuntos sombríos. «Billie Jean», que abre con una larga entrada de bajo y batería, retrata a una seguidora obsesiva que asegura haber tenido un hijo con él. «Wanna Be Startin' Somethin'» es una toma de posición contra las habladurías y los medios de comunicación. Y en la canción que titula el álbum Jackson introduce metáforas sobrenaturales rodeadas de efectos de sonido: una puerta que chirría, un trueno, pasos sobre tablones de madera, viento y ladridos de perro.
Récords que no se han vuelto a repetir
En las listas fue el primer álbum del cantante en alcanzar el número uno del Billboard Top LPs & Tape, donde permaneció treinta y siete semanas no consecutivas, marca sin precedentes. Dos sencillos coronaron el Billboard Hot 100: «Billie Jean», que fue el segundo en salir, y «Beat It», que fue el tercero. Otros cinco cortes —«Thriller», «P.Y.T. (Pretty Young Thing)», «Human Nature», «Wanna Be Startin' Somethin'» y «The Girl Is Mine»— se colaron entre los diez primeros, cifra récord de éxitos de esa categoría procedentes de un mismo álbum. Dos acontecimientos dispararon las ventas: el estreno de su paso de baile característico, el moonwalk, en Motown 25, y la emisión por la MTV del videoclip de «Thriller». A principios de 1984 ya era el álbum más vendido de la historia, con más de treinta millones de copias.
El reconocimiento llegó por todas partes. Ocho Grammy, récord histórico, entre ellos el de Álbum del Año y el de Grabación del Año por «Beat It»; ocho American Music Awards, también récord histórico. Fue el álbum más vendido del mundo en 1983 y en 1984 se convirtió en el primero que encabezaba las ventas estadounidenses dos años seguidos. Su repercusión sobre la industria fue enorme, y de manera muy señalada sobre el vídeo musical, que sus distintas piezas contribuyeron a convertir en una forma artística tomada en serio.
Un hito que desbordó la música
Suele citarse como un jalón de la cultura estadounidense. El éxito otorgó a Jackson una relevancia cultural que ningún afroamericano había tenido antes, derribó barreras raciales dentro de la música popular y desató entre sus seguidores un fervor que llegó a bautizarse como «Michaelmanía». Sigue siendo el disco más vendido de todos los tiempos, con unos setenta millones de ejemplares en el mundo, y acumula treinta y cuatro discos de platino en Estados Unidos, donde ocupa el segundo puesto de ventas. Las listas de mejores álbumes de la historia lo incluyen con frecuencia. En 2008 entró en el Salón de la Fama de los Grammy y la Biblioteca del Congreso lo sumó al Registro Nacional de Grabaciones, reservado a las que considera culturales, históricas o estéticamente significativas.
Conviene señalar, por último, que el texto de partida se interrumpe ahí. Después de la descripción musical no desarrolla ningún apartado sobre la acogida crítica, la relación de canciones, los créditos de grabación o la repercusión posterior: todo lo que dice sobre premios, ventas e influencia queda concentrado en su presentación inicial, sin desarrollo en el cuerpo.
Datos verificados en Wikipedia. El texto es de la redacción de JAUMAS.
- Publicación
- 1982
- Tipo
- Álbum
Dónde escucharlo
Ediciones y tracklist
La edición que consta en el archivo.
- Edición
- Thriller
- Publicación
- 1982
- Formato
- LP
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