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Álbum
The Hurting
Cuarenta y un minutos y treinta y nueve segundos bastaron a Tears for Fears para presentarse: el 7 de marzo de 1983, con Mercury Records detrás y la producción firmada por Chris Hughes y Ross Cullum, el grupo inglés publicó un primer álbum concebido como una obra unitaria sobre el maltrato infantil, el trauma psicológico y la depresión. La temática no le impidió convertirse en un éxito comercial de primer orden.
Un número uno en dos semanas
Las listas británicas lo auparon a la cabeza en su segunda semana en el mercado, y la BPI le concedió el disco de oro cuando apenas llevaba tres semanas publicado. Fuera del Reino Unido se movió con soltura sin llegar tan alto: entró entre los cuarenta primeros puestos en Alemania, en Australia y en Canadá.
El álbum reunía los tres primeros sencillos afortunados del grupo —«Change», «Pale Shelter» y «Mad World»—, todos ellos capaces de colarse entre los cinco primeros en el Reino Unido y entre los cuarenta primeros en el resto del mundo. A ellos se suma una nueva lectura de «Suffer the Children», que había sido el sencillo de estreno de la banda en 1981; también «Pale Shelter» aparece aquí en una grabación distinta de la que circulaba antes.
Arthur Janov como cuaderno de trabajo
Las canciones son de Roland Orzabal, que echó mano por igual de sus propios traumas de infancia y de la doctrina de la terapia primal de Arthur Janov. La influencia no es difusa: casi todo el repertorio parte de los escritos del psicólogo, y hay dos piezas que dependen de un libro concreto, Prisoners of Pain (Prisioneros del dolor), publicado en 1980. De uno de sus capítulos sale el título «Ideas as Opiates» (Ideas como opiáceos), y del mismo volumen procede el impulso directo de «The Prisoner» (El prisionero). En el terreno estrictamente musical, la fuente sitúa como referencias a Peter Gabriel, Talking Heads y Gary Numan.
Cuatro personas de acuerdo
Los dos primeros sencillos de la banda habían pasado por manos distintas, así que para el álbum el grupo fue a buscar a Chris Hughes. El método de trabajo que se impuso fue estrictamente asambleario: Orzabal y Curt Smith, que constituían el núcleo del proyecto, se entendieron de forma muy estrecha con Hughes y con Ross Cullum, y solo se dio por buena aquella idea con la que estuvieran conformes los cuatro. En ese proceso quedaron rehechas para el disco las dos canciones que ya habían salido como sencillo, «Pale Shelter» y «Suffer the Children». Y hubo un adelanto inesperado: «Mad World», pensada en origen para ocupar la cara B de un sencillo, se publicó antes que el álbum y acabó siendo un éxito.
Elogios y demoliciones en 1983
La prensa del momento se dividió sin término medio. En Smash Hits, Fred Dellar salió a favor y dio por evidente el talento que el disco exhibía. En las antípodas se situó Gavin Martin desde el NME, con una reseña demoledora: sostuvo que trabajos como este constituyen una forma de arte pésima e inútil, que convierte la autocompasión y la futilidad en una propuesta de mercado, y que tanto el grupo como su público suenan a rendición, a repliegue desde el mundo práctico hacia la fantasía. En lo musical no fue más amable: habló de un fatalismo hueco, recalentado y de segunda mano, con reminiscencias de Ultravox y con Joy Division rebajado y esparcido por todas partes, y remató preguntando si la canción que da título al álbum, con su enjambre de mellotrones, no sonaría sospechosamente a los viejos conjuntos pomposos, Barclay James Harvest incluido.
Steve Sutherland, en Melody Maker, hizo un juicio de dos caras. Por un lado reprochó al grupo que su versión pop de la terapia primal pareciera disfrutar de la atención que atraía, cómoda revolcándose en la inspiración en vez de buscar el exorcismo, y calificó de ridículamente forzada la fórmula de traducir los traumas infantiles al romance adulto con fanatismo freudiano. Por otro reconoció que el letargo lírico quedaba rescatado por lo que de verdad vende al grupo, su inventiva estructural, y por la sensatez de mantener el sufrimiento bajo control para que sonara suave. De ahí extraía su conclusión: el acierto del disco reside en su ausencia de fricción y en su seguridad, y pese a proclamar que las relaciones humanas están deformadas más allá de toda comprensión, lo que Tears for Fears ha construido es una obra maestra de la seducción.
Desde Estados Unidos, David Fricke escribió en Rolling Stone que el dúo destacaba sobre la cosecha de grupos de synth-pop intercambiables por una escritura ingeniosa y elegante y por un vaivén rítmico atractivo. Admitía que la angustia adolescente y el romanticismo doliente de Curt Smith y Roland Orzabal rozaban a veces la imitación aseada de Joy Division, pero contraponía a cada desliz de congoja un tema pop bailable y embriagador como «Change». Su balance era que el grupo quizá se preocupa en exceso de sus propios traumas, y que precisamente por eso resulta revelador de sus refinados instintos pop que consiga producir tanto placer a partir del dolor. Conviene advertir aquí que la fuente escribe el apellido del cantante como Orzabel dentro de esta cita, con un [sic] añadido, mientras lo escribe Orzabal en todo el resto del texto.
Lo que se dijo veinte y treinta años después
El paso del tiempo mejoró notablemente el veredicto. Con motivo de la reedición de 1999, Andrew Collins escribió en Q que el álbum, con algún desafino ocasional, seguía siendo una obra emblemática, un disco pop de gran carga emocional en su forma más despojada. Bruce Eder, desde AllMusic, atribuyó el éxito a la pericia de sus autores para envolver un asunto desagradable —las historias familiares psicológicamente desdichadas de Orzabal y Smith— en un formato musical atractivo y vendible; a su juicio el resultado incomoda a veces por lo personal, pero convence lo suficiente en lo musical como para sostenerse décadas después.
Al llegar el trigésimo aniversario, en 2013, Danny Eccleston se preguntó en Mojo si ha existido alguna vez un álbum de pop mayoritario más desdichado que este: sombrío incluso cuando acelera, y casi insoportablemente desolado allí donde más se arriesga: en «The Prisoner», con sus disonancias retorcidas, y en «Ideas as Opiates», reducida a un minimalismo de eco cavernoso. Con todo, concluía, en el fondo aquello era pop. Tom Byford lo resumió en Record Collector como un exceso de ideas complejas nacidas de una educación problemática y casadas con melodías inmediatas, pegadizas y fáciles de tararear.
John Bergstrom, en PopMatters, defendió que en las interpretaciones de Orzabal y de Curt Smith, al que describe como covocalista, las palabras acaban conectando una y otra vez por vía visceral y con sinceridad, y que la escasez de momentos histriónicos forma parte de la brillantez del disco. Su frase inicial, sin embargo, tal como la recoge la fuente, no se sostiene por sí sola: afirma que el enfoque inquebrantable perjudica al álbum porque las canciones de Orzabal evitan los clichés y la poesía adolescente obtusa que algunos críticos señalaron en su día, de modo que la causa enunciada no explica el reproche. Bergstrom calificaba además el álbum como uno de los más sólidos y completos de los primeros y mediados años ochenta, señalaba su huella en Trent Reznor, en Smashing Pumpkins y en Arcade Fire, y cerraba observando que son rarísimos los discos que resultan especiales, influyentes y rompedores tanto en su momento como en épocas posteriores, y que treinta años más tarde el lugar de este apenas admite dudas.
Muestreos y una versión que llegó al número uno
Al menos tres canciones del álbum han sido muestreadas por otros artistas, aunque conviene señalar una incongruencia de la fuente: anuncia que la operación corresponde a un solo intérprete destacado del R&B más mayoritario y a continuación nombra a tres distintos. Kanye West reelaboró «Memories Fade» hasta convertirla en «Coldest Winter», incluida en 808s & Heartbreak. Drake tomó «Ideas as Opiates» para «Lust for Life», de su mixtape So Far Gone. Y The Weeknd recurrió a «Pale Shelter» en «Secrets», del álbum Starboy.
Mención aparte merece «Mad World» en manos de Michael Andrews y Gary Jules, que la versionaron para la banda sonora de Donnie Darko. Aquella grabación acabó saliendo como sencillo por su cuenta y encabezó las listas británicas.
Reediciones sucesivas y una lista incompleta
El catálogo del disco se ha ido reabriendo cada pocos años. En 1999 llegó una remasterización con cuatro remezclas como material extra y un libreto amplio con anotaciones sobre la gestación del álbum. El 21 de octubre de 2013 se publicó la conmemoración de los treinta años, disponible tanto en doble compacto como en una caja de lujo de cuatro discos. Para el cuadragésimo aniversario, en mayo de 2023, aparecieron nuevas mezclas de Steven Wilson en Blu-ray con Dolby Atmos y sonido envolvente 5.1, junto a una edición en vinilo remasterizada a partir de la mezcla original.
El apartado que el texto de partida dedica a los títulos, en cambio, no llega a ser una lista de canciones: solo consigna dos entradas, y ambas con datos de sencillo. De «Pale Shelter» anota una duración de 4:34 y precisa que hubo una primera versión en 1982, una segunda en 1983 y una reedición en 1985. De «Suffer the Children» da 3:52, primera versión en 1981 y reedición también en 1985. El resto del repertorio no aparece, de modo que ni el número total de cortes ni su orden pueden establecerse aquí.
Datos verificados en Wikipedia. El texto es de la redacción de JAUMAS.
- Publicación
- 7 de marzo de 1983
- Tipo
- Álbum
Dónde escucharlo
Ediciones y tracklist
La edición que consta en el archivo.
- Edición
- The Hurting
- Publicación
- 7 de marzo de 1983
- País
- GB
- Sello
- Mercury Records
- Catálogo
- mers 17
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Su discografia en el archivo





