
Canción
Lucky Star
Dónde escucharla
Ficha técnica
- Obra
- Lucky Star
- Publicación
- 26 de julio de 1983
- Duración
- 5:38
La historia
Sire Records publicó «Lucky Star» el 8 de septiembre de 1983 como cuarto sencillo del álbum de debut homónimo de la cantante estadounidense Madonna. La escribió ella y la produjo Reggie Lucas, pero, insatisfecha con el resultado, recurrió a su novio de entonces, John «Jellybean» Benitez, para que la remezclara siguiendo sus ideas. Reapareció después en The Immaculate Collection (1990) y Celebration (2009).
Por qué acabó siendo la cuarta
El plan inicial era sacarla en tercer lugar, pero «Holiday» triunfó en las listas dance estadounidenses y desplazó a «Lucky Star» un puesto más atrás en la serie de sencillos. El ejecutivo musical Jeff Ayeroff recordó que la cantante se resistía a publicarla: una demanda judicial la había dejado necesitada de dinero por aquellas fechas, de modo que él le hizo una oferta, la de lanzar el tema con la garantía de que vendería discos suficientes para pagar aquello. Según su relato, no se equivocó, porque la canción abrió de par en par las puertas de aquel primer álbum.
Cómo suena
Es una pieza dance de ritmo medio. Abre con unos fragmentos de notas sintetizadas, a los que siguen percusiones electrónicas fuertes y aplausos, y enseguida se suma un riff agudo de guitarra sobre el registro grave del sintetizador. Durante más de un minuto, antes de que llegue el estribillo, el tema repite sin descanso un gancho tomado de una rima infantil sobre las estrellas. El escritor Rikky Rooksby considera la letra repetitiva y vana, construida sobre la ambigüedad pura de las estrellas y opuesta a un personaje masculino al que se describe como astro del firmamento. El compás es de 4/4 y el tempo, moderado: 108 pulsaciones por minuto. La tonalidad es sol mayor, con una secuencia básica que encadena los acordes sol–la–si♭–re–mi♭–fa♯, y la voz de Madonna se mueve entre sol3 y fa♯5.
Listas, vídeo y giras
Fue el primer sencillo suyo en entrar en el top cinco del Billboard Hot 100, al alcanzar el cuarto puesto; antes ya había llegado al número uno de las listas dance, donde ingresó junto con el sencillo anterior, «Holiday». El vídeo musical la muestra bailando ante un fondo blanco, acompañada de sus bailarines. A raíz del lanzamiento, su forma de vestir y su estilo se pusieron de moda entre los jóvenes. Varios académicos señalaron que allí la cantante se retrata como narcisista y como un personaje ambiguo, y que se llama a sí misma la estrella de la suerte, en contra de lo que significa la letra. Cuatro giras de la artista la han incluido; la última fue el Rebel Heart Tour (2015-2016), donde se cantó dentro de un popurrí junto a otros temas. La han versionado, además, múltiples artistas.
Lo que dijo la crítica
Tanto en su momento como después se ha elogiado la canción y se la ha presentado como puerta de entrada a una música dance de talante optimista.
Los libros que se han ocupado de ella no coinciden. Suave, bailable y olvidable le pareció a J. Randy Taraborrelli en su biografía de la artista, aunque le reconoció ingenio, atribuible a lo simple del planteamiento y a su condición de tema de baile. A Rikki Rooksby, en The Complete Guide to the Music of Madonna, la voz le sonó «cursi» y le recordó a la de Cyndi Lauper. Simon Gage, en Queer, la despachó como un número feliz de disco. Para Santiago Fouz-Hernández y Freya Jarman-Ivens, autores de Madonna's Drowned Worlds, esta pieza y «Burning Up» (1983) le sirvieron a la cantante para presentar un dance optimista con especial gancho entre el público homosexual. John Potter, tenor y académico inglés, la clasificó en The Cambridge Companion to Singing como un soft-soul influido por la música disco, si bien reprochó a la reverberación y a la grabación multipista un efecto «despersonalizador». Del lado del elogio, Leo Tassoni la llamó «subyugante» en su libro Madonna; del contrario, Ignacio D'Amore y Mariano López la encuadraron en su Enciclopedia Gay dentro de lo que llaman la «etapa chillido» de la artista.
Slant Magazine se ocupó del tema por partida doble. Sal Cinquemani vio en él un anticipo involuntario de la incursión más reciente de Madonna en las salas brillantes de lo electrónico-pop; Eric Henderson lo describió como un monstruo sonoro a la altura del equipo de David Mancuso en The Loft, contrapesado por un estribillo levantado sobre un mantra infantil y entregado con voz teñida de helio. También en Allmusic firmaron dos: Stephen Thomas Erlewine lo situó entre lo más alto del álbum y lo llamó efervescente, y Stewart Mason defendió que su aparente insustancialidad se desmonta en cuanto se presta atención, porque lo que hay es un minimalismo deliberado —estribillo elemental de rima infantil, versos incompletos cuya única misión parece ser empujar hacia él, un puente de guitarra y percusión electrónica vibrante— con arreglos espartanos y producción aséptica que, contra todo pronóstico, funcionan. Bill Lamb, desde About.com, la agrupó con «Holiday» y «Borderline» por unos ganchos de pop que calificó de irresistibles.
En las clasificaciones aparece con frecuencia. La número dieciséis de las cien mejores de Madonna, según Katie Atkinson en Billboard, que la definió como una irresistible nana para clubes nocturnos. La decimonovena de las cien más destacadas, para Louis Virtel en NewNowNext, que la juzgó determinadamente animada y le encontró parecido con «Gett Off» (1991), de The New Power Generation, solo que más suave y más sensual. La número 59 de sesenta, para Sebas E. Alonso en Jenesaispop, a quien gustaron las guitarras cristalinas post-disco que luego se distorsionan, la variedad de sintetizadores —unos desbocados, otros casi tropicales— y unos coros de aire disco-soul, mientras el estribillo le resultó algo repetitivo. Y la 26 entre los mejores sencillos de la cantante, para Chuck Arnold en Entertainment Weekly, que en agosto de 2018 la llamó radiante.
Otros la valoraron por lo que conserva o por lo que ha perdido. Guillermo Alonso escribió en la edición española de Vanity Fair que su valor actual está en sonar a una Madonna ingenua e infantil que ya nunca se repitió, y que fuera de eso divierte sin más, como recordatorio de dónde salió el monstruo. Richard LeBeau, desde Medium, admitió que el paso del tiempo no la ha tratado especialmente bien, sin dejar por ello de ser una gema pegadiza e icónica del pop de los primeros ochenta con la que la artista anunció con claridad su llegada. Joe Morgan la resumió en Gay Star News como pura ingenuidad, la Madonna más ochentera de todas.
Quedan las reseñas del recopilatorio The Immaculate Collection, donde David Browne celebró la remezcla desde Entertainment Weekly y Robert Christgau calificó la canción de «bendita». Ed Masley la trató en The Arizona Republic de juvenil e ingenua, apuntó uno de sus versos —que aquí no se reproduce— como lo más parecido a una insinuación sexual que hay en ella y cerró diciendo que a veces basta con una interpretación fresca y un ritmo sensual de disco heredero de Chic para llegar a ser una sensación pop de verdad. Ricardo Marin, de la mexicana Ibero 90.9, oyó ahí un sonido electrónico que viene de los mismos innovadores —Kraftwerk, New Order, Orchestral Manoeuvres in the Dark— y celebró sus «beats en contratiempo» junto a una precisión armónica que consideró demasiado bailable. En Efe Eme, Juan Puchades alabó la escritura de Madonna y esa voz juguetona, levemente infantil, con la que se sale en canciones que tuvo por imbatibles. Un crítico de RPP sostuvo que junto a «Holiday» y «Borderline» este tema abrió una cadena de éxitos que marcó tendencia e influyó en grandes estrellas. Y el diario colombiano El País sumó esos tres títulos a «Burning Up» para señalarlos como las piezas del arranque, aquellas con las que la reina empezaba a subir hacia el trono.
Datos verificados en Wikipedia. El texto es de la redacción de JAUMAS.
Que significa
No existe una explicacion publica concluyente. Ni sus autores la han explicado ni hay una lectura critica establecida, y JAUMAS no inventa el significado de una cancion.
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